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Bono cesa y ordena el arresto domiciliario del general que recuerda su deber de "guardar y hacer guardar la Constitución"

Publicado el Sábado, 7 de Enero de 2006
Guardado en: Cataluña , El Estatuto , España , Jose Bono , Jose Luis Rodríguez Zapatero

Bono cesa y ordena el arresto domiciliario del general que recuerda su deber de 'guardar y hacer guardar la Constitución'El militar que recuerda su deber de "guardar y hacer guardar la Constitución" será sancionado por un Gobierno con un presidente que describe como "razonablemente bien" las negociaciones sobre un texto encubierto de reforma constitucional en las que se excluye al principal partido de la oposición.

La situación no es precisamente la mejor para España, puesto que de un discurso que expresa el sentir de gran parte de los miembros de las Fuerzas Armadas y, quizás, de muchos españoles, donde se resalta algo tan democrático como es la defensa de la Constitución vigente de 1978, la consecuencia es la propuesta de sanción disciplinaría que incluye nada menos el arresto domiciliario y como agravante "la alarma social" de la repercusión del contenido del discurso del teniente general José Mena. Puesto que cuestiones como no olvidar que los militares "que hemos jurado, (o prometido), guardar y hacer guardar la Constitución. Y para nosotros, los militares, todo juramento o promesa constituye una cuestión de honor, se consideran como susceptibles de provocar "alarma social", es que algo va muy mal en España.

Desde luego el recordar el papel constitucional de las Fuerzas Armadas por uno de sus representantes es constitutivo de ser considerado como "alarma social", no conocemos como debe calificarse el contenido del texto aprobado por un parlamento autonómico que la mayoría del Parlamento nacional lo tramita como reforma de un estatuto de autonomía cuando no es otra cosa que una reforma encubierta de la Constitución sin contar con el principal partido político de la oposición.

No faltarán algunos que intenten aprovechar el contexto y enlazarlo con las conmemoraciones del intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, pero el sentido común nos muestra que eso es un gran error. Muchos españoles únicamente conocen del intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, por la fotografía de un miembro de la Guardia Civil arma en mano amenazando a los representantes de la soberanía nacional, es decir, amenazando a todos los ciudadanos españoles.

Pero el hecho sustancial en aquel 1981 era la creencia de que la mayoría de los miembros de las Fuerzas Armadas (el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire), junto con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad (Guardia Civil y Policía Nacional), formalmente reconocían la Constitución de 1978 pero estaban frontalmente en contra de su espíritu y de aplicación.

En aquel año la situación en España desde un punto de vista objetivo era de desestabilización interna (transición de la dictadura a la democracia no consolidada, acciones permanentes del terrorismo separatista, la desintegración del partido en el poder, la UCD), dentro de un contexto internacional de crisis económica global, junto con uno de los momentos más delicados de la guerra denominada fría entre el Occidente democrático representando por Estados Unidos y el Comunismo expansivo de la Unión Soviética.

Por tanto, a nadie sorprendido que en el discurso pronunciado por Felipe González en la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo expresamente se invitase a la formación de un "gobierno de coalición" con lo que quedaba de la UCD y el PSOE, puesto que en situaciones de crisis extrema los partidos políticos con opciones reales de gobernar deben acordar aquellas cuestiones clave que conforman la estabilidad institucional, puesto que de lo contrario lo alcanzado con tanto esfuerzo puede derrumbarse en cuestión de días, o, incluso, horas.

En aquella horas del 23 al 24 de febrero de 1981 sucedieron muchas cosas en la España oficial, algunas decisivas para conseguir acuerdos entre fuerzas políticas sobre el modelo del Estado autonómico, y tal vez deba recordarse que en la sede parlamentaria se amenazaba por igual por parte de los enemigos de la democracia tanto a Manuel Fraga como a Santiago Carrillo, pasando por Felipe González y Adolfo Suárez, e incluyendo a representantes de las minorías catalana y vasca.

Hoy en España tenemos representantes de las Fuerzas Armadas que defienden el espíritu y la aplicación de la Constitución vigente de 1978, en aquel lejano 1981 algunos militares conspiraban para destruir la Constitución. Ahora tenemos un Gobierno que intenta reformar la Constitución de forma encubierta, pero debe advertirse que si alguien quiere reformar la Constitución debe proponerlo expresamente en el programa político de unas elecciones generales para que todos los españoles podamos opinar sobre nuestro futuro, de lo contrario dentro de unos años algunos lamentaran profundamente "la suerte de quienes tuvieron que pagar por sus deseos de lograr lo mejor para España a través de procedimientos equivocados".

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